8 de septiembre de 2012

La chinatización de Occidente


Seguir tensando la cuerda o proponer soluciones proteccionistas acabará en conflictos de alto voltaje. China tiene un 40 % de la deuda europea, crea servidumbres, que le protegen de un proteccionismo. Keynes en su dia propuso medidas para controlar superávit de los países / endeudamiento de los países (por déficit comercial que genera el endeudamiento). Pero ahora Keynes no se puede aplicar de las misma forma en modelos duales, las acciones nacionales no sirven de nada en un mundo global. Menos en Europa donde hay una moneda, el Euro, que hace que no exista una política monetaria de los países y desequilibra el sistema europeo.
Una nueva palabra comienza a tomar cuerpo en nuestro idioma y, tal vez, en el de todas las leguas europeas. El mundo contemporáneo se halla inmerso en un proceso de “chinatización”.
Tal vez la primera fase comenzó hace poco más de un siglo, cuando Estados Unidos recibió la primera oleada de inmigrantes chinos y formaron sus primeras comunidades en el país más poderoso del siglo XX. Fue el preludio, los primeros bostezos que anunciaban el despertar del dragón asiático al que apenas se le prestó atención. Después hemos visto despertar a otros dragones.
 Pero la segunda oleada es aún más intensa, más profunda, más diseminada. Como una diáspora digna de ser narrada entre los grandes acontecimientos de la historia, estamos asistiendo durante las últimas décadas a la “chinatización” del planeta. Los síntomas más reconocibles, por su cercanía, llegan en forma de apertura de negocios hasta cualquier municipio de España. Pero tras esa pequeña revelación a pie de calle, detrás de la que se encuentran miles de contenedores esperando su destino en los puertos, la compra de naves en polígonos industriales, emerge el gigante asiático en forma de compra de deuda europea y estadounidense, importantes inversiones en África para el suministro de materia prima con destino a sus industrias, compra de grandes empresas y una dinámica actividad productiva en las costas de su país que sepulta de productos de baja, media y alta calidad al mundo.
Mil doscientos millones de chinos están diciéndole al planeta que ahora les toca a ellos. Que aspiran a una vida material como la nuestra. Que el espíritu de Confucio es solo eso, el soplo que imbuye la interpretación particular de cómo acometer desde la filosofía china los negocios en el mundo. Y tras China, un puñado de países que emergen del anonimato y aspiran a una parte del pastel que les ha sido sustraído durante siglos.
Se trata de un fenómeno externo que se aproxima a nuestras costas como un tsunami  para dejar constancia de que el planeta está cambiando tanto que debemos redibujar nuestras costas. He aquí uno de los fenómenos que emergen de la mano de la globalización y de un nuevo orden económico, social y cultural en el mundo, que ya no es tan pequeño.
La chinatización irrumpe en el discurso de nuestros empresarios más exitosos, en los consejos de ministros de los gobiernos, en los debates culturales y, también, en nuestras casas, no solo en forma de productos sino de lo que se está dando en denominar eufemísticamente reajustes económicos, salariales y del estado de bienestar.
Yo chinatizo, tú chinatizas, el chinatiza,
Nosotros chinatizamos, vosotros chinatizáis, ellos nos chinatizan

No hay comentarios: