30 de septiembre de 2012

#25S: La lucha contra el miedo y la pregunta de Brecht

Por Jaime Pastor


En medio de la crisis de legitimidad que sufre el gobierno del PP, que está afectando a instituciones clave del régimen e incluso a la “integridad territorial” del Estado y que sacude a la Eurozona, la jornada del 25S aparecía como un “test” sobre cuál iba a ser el tratamiento del poder a un movimiento que ponía el listón de su desafío en un estadio superior al que había marcado hasta ahora la agenda del 15M. A la vista de lo sucedido, la respuesta ha quedado muy clara: la acusación de “golpistas” a quienes promovían esta iniciativa, corroborada por la ocupación y las provocaciones policiales sufridas durante esa jornada, no deja lugar a dudas sobre la firme disposición del gobierno y su “brunete mediática” a bloquear, con todos sus recursos, el salto adelante que, reformulado y más acotado desde los grupos motores en las últimas semanas, se aspiraba a dar mediante las exigencias de dimisión del gobierno y la necesidad de abrir un proceso constituyente.
Ahora asistiremos a distintas lecturas e interpretaciones de la prueba de fuerzas vivida ayer y sus secuelas posteriores pero, aun reconociendo que lo ocurrido no marca un antes y un después similar a lo que supuso el 15M, la percepción mayoritaria entre quienes estuvimos manifestándonos parece ser que “el miedo está cambiando de lado”. Es ya el gobierno, consciente de su creciente desgaste social, el que está empezando a tenerlo al ver que ni siquiera su campaña y su despliegue policial han conseguido intimidar a decenas de miles de personas en la denuncia del secuestro de la presunta “sede de la soberanía popular” por la dictadura de los mercados.
Por eso el escenario con el que nos podemos encontrar en esta nueva fase, sobre todo a la vista de la intensificación de la resistencia en Grecia y en Portugal, me ha venido a recordar la vieja pregunta de Bertold Brecht a propósito de la reacción de los burócratas de Alemania Oriental a la revuelta popular que se produjo en ese país en 1953: frente al comentario de uno de ellos de que: “El pueblo se había jugado la confianza del Gobierno y que ahora sólo podría reconquistarla redoblando su trabajo”, el escritor alemán se preguntaba irónicamente a su vez: “¿No sería más sencillo que el gobierno disolviera el pueblo y eligiera otro nuevo” /1. Salvando las distancias, ¿no se asemejan esa propuesta y esa pregunta a situaciones como las que hoy vivimos en Grecia, Portugal y el Estado español? ¿No estaremos entrando en una dinámica en la que o “el pueblo” (en nuestro caso los pueblos) avanza en la deslegitimación práctica de este gobierno y del régimen, o éstos van imponiendo su estado de excepción permanente apoyándose en el viejo discurso reaccionario de que “es preferible la injusticia al desorden”, útil para encontrar un “pueblo” a su medida, el de esas capas medias e incluso populares que se resisten todavía a reconocer a sus verdaderos enemigos.
Si ésa es una de las preguntas que tenemos que hacernos en estos tiempos sombríos, no va a ser fácil responderla desde abajo y a la izquierda. Hace falta todavía mucho camino por recorrer, empezando por preservar el 15M como espacio de encuentro, confluencia y búsqueda de consenso transversal para la acción colectiva desobediente y transgresora; siguiendo con el contagio a más mareasy organizaciones sociales –incluidas las sindicales- y mejorando en el desmontaje de las mentiras del poder y la construcción de alternativas, también en el terreno político. Porque la posibilidad de abrir un proceso constituyente efectivamente rupturista con el neoliberalismo necesita, como ha ocurrido en América Latina o está pasando en Islandia, que el nuevo bloque social en formación avance en todos esos terrenos y arranque a su vez alguna victoria parcial significativa en su lucha contra la deudocracia y los recortes. Para ello extender y coordinar las luchas a escala europea, al menos de los PIGS, es una condición fundamental si queremos que el miedo al contrapoder de los y las de abajo cunda entre los de arriba.

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