21 de junio de 2012

Los Hermanos Musulmanes ganan la presidencia de Egipto



La transición egipcia sigue secuestrada por los militares y tutelada por los Estados Unidos

Finalmente, con una semana de retraso respecto a la fecha anunciada para hacer públicos los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales egipcias, la presidencia recaerá en manos del candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsy, también de agrado de los Estados Unidos, lo que constituye un hecho histórico en la primera fase de una transición todavía secuestrada por los militares y tutelada por los Estados Unidos.

El fraude, como viene siendo habitual, ha sido masivo, sobre todo en la primera vuelta para dejar fuera al candidato de los revolucionarios, el izquierdista Hamdin Sabahi, que se quedó a las puertas de pasar a la segunda vuelta e impugnó los resultados debido a las infracciones registradas en la votación. El nasserista Sabahi, obtuvo el 20,7% de los votos en la primera vuelta, después de Ahmed Shafiq que fue el último primer ministro de Hosni Mubarak, que obtuvo un 23.7%, y de actual presidente Mohamed Morsy, aspirante de los Hermanos Musulmanes aceptado por Estados Unidos, que tan sólo obtuvo el 24.8% en la primera vuelta. 

Hamdin Sabahi fue la gran sorpresa de la primera vuelta al adjudicarse la victoria en lugares emblemáticos como Alejandría, segunda ciudad del país, empujado por los votos de los jóvenes revolucionarios y de las capas más humildes de la sociedad. En Egipto muchos piensan que de haber pasado a la segunda vuelta podría haber ganado la presidencia del país.

El nuevo jefe del Estado egipcio Mohamed Morsy, que se autodefine como un islamista moderado, es el primer civil que ocupa ese puesto, pues Gamal Abdel Nasser, Anwar El-Sadat y Hosni Mubarak procedían de las Fuerzas Armadas y gobernaron otorgándole a éstas muchas prerrogativas que se mantienen todavía. Los militares, aconsejados por Estados Unidos, habían vetado antes a otros candidatos de los Hermanos Musulmanes. De hecho, la proclamación de Mohamed Morsy como candidato de su partido fue posible por la inhabilitación de Khairat El-Shater.

Mohamed Morsy durante la campaña ha lanzado mensajes tranquilizadores hacia las potencias occidentales. De hecho mantiene lazos con los Estados Unidos pues se doctoró en Ingeniería en la Universidad del Sur de California en 1982 y fue profesor adjunto en la California State University de 1982 a 1985. Además sus hijos, nacidos en California, tienen la ciudadanía estadounidense. Morsy ha anunciado que la primera medida que tomará en materia económica, será una reestructuración del sistema financiero aceptando un préstamo de 3,2 mil millones de dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Intentando contentar a su principal base islamista, en la que también hay salafistas, y a un amplio sector juvenil y laico ávido de democracia y justicia social, el nuevo presidente ha pretendido lograr el equilibrio nombrando vicepresidentes a una mujer y a un cristiano copto. Además, su plan es designar primer ministro a un independiente capaz de aglutinar un tejido social políticamente atomizado, electoralmente partido a la mitad y religiosamente muy sensible.

Muchos de los que votaron por Morsy exigen que la presidencia del país se suma con todos los poderes propios y sin la interferencia del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), que con la ayuda de un fallo de la Corte Suprema de Justicia disolvió el parlamento en vísperas de las elecciones y se adjudicó el poder legislativo que hasta entonces dominaban partidos islamistas tras las elecciones al parlamento y al senado egipcio. Los generales también se atribuyeron la facultad de decidir la formación de la comisión que redactará la nueva Constitución y de definir los presupuestos generales del Estado.

Con el argumento de que un tercio de los escaños de la cámara baja se eligió de manera inconstitucional, la Junta Militar evitó a toda costa que Parlamento, presidencia y Gobierno quedaran en manos de los partidos islamistas. Los generales del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas aprovecharon su rol político en la conducción de los primeros 16 meses de la transición para anclar con vastas garantías jurídicas su emporio empresarial desarrollado en la era Mubarak.

Por decisión de los militares, el mariscal Tantawi seguirá ocupando el cargo de ministro de Defensa que desempeñó durante más de 20 años con Mubarak y, también por disposición de la cúpula castrense, Morsy no tendrá el rango de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Así, el mandatario requerirá del visto bueno del Ejército para declarar la guerra, y la Junta Militar dirá la última palabra acerca del presupuesto, sobre todo el de la institución castrense que recibe de Estados Unidos 1,3 mil millones de dólares anuales.

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