11 de febrero de 2008

Hacia el bipartidismo perfecto

La trampa electoral contra la izquierda transformadora

David Arrabalí Campos

El sistema electoral español diseñado en la transición para restar representación al Partido Comunista de España es uno de los menos proporcionales de Europa. Los efectos que se perseguían sobre el sistema de partidos eran establecer un bipartidismo casi perfecto y reducir la capacidad de influencia política de los comunistas en la sociedad.


La reforma del actual sistema no es una demanda nueva. Desde que se aprobó la actual ley electoral el PCE, primero, y luego IU han denunciado su carácter injusto y la necesidad de reformarla. Ahora, como siempre cuando se acercan las elecciones, volvemos a denunciar que somos los principales perjudicados. El PSOE calla mientras algunos sectores de nuestra organización insisten en peligrosas alianzas de ingeniería electoral muy cuestionables. Y el PP interviene en el debate, pese a que es el principal beneficiado por el sesgo conservador de la ley, planteando un sistema mayoritario según ellos para “que gobierne quien gane”.

Lo cierto es que en todas las convocatorias electorales celebradas existe una desproporcionalidad entre el porcentaje de votos y el porcentaje de escaños obtenidos por los partidos, por eso los comunistas podemos decir, desde la razón y con claridad, que el sistema electoral no es justo ya que no refleja de forma proporcional y transparente las preferencias de la sociedad, y podemos denunciar la escasa calidad democrática del sistema político español por este y otros motivos.

La tendencia actual es hacia el bipartidismo “perfecto”, se acentúa aún más por la nueva forma de hacer política impuesta por el neoliberalismo, por la cada vez mayor influencia de poderosos grupos empresariales y por la concentración y manipulación de los medios de comunicación, por la uniformidad de discursos y mensajes en torno a la supuesta polarización política entre PSOE y PP, y por el creciente abstencionismo relacionado sin duda con los procesos de desmovilización social y despolitización general a consecuencia del agotamiento del actual modelo de democracia representativa.

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